93. Cruzó todas las líneas
Aparco el coche a la entrada de la casa de James y respiro hondo antes de apagar el motor. No va a ser una charla fácil para él, pero es imprescindible.
Por Mia.
Llamo al timbre y Carmen aparece al instante, con su sonrisa de siempre al recibirme.
—Pase, por favor, señor Hayes —dice, haciéndose a un lado—. El señor Bennett está en el despacho.
Asiento y avanzo por el pasillo que ya me sé de memoria. Al abrir la puerta, lo encuentro concentrado en la pantalla del ordenador. Se quita las gafas y