42. Siempre el miedo
Miro la pantalla del celular una vez más, sintiendo que mis manos tiemblan tanto que apenas puedo sostenerlo.
—¿Estás bien? —pregunta Gabriel, frunciendo el ceño.
—S-Sí, yo solo… —respiro hondo, forzando una sonrisa que ni yo misma me creo—. Necesito ir al baño un momento. Ya vuelvo.
Sin esperar su respuesta, me levanto de la silla tan rápido que casi la derribo. No puedo esperar. Cada segundo que pasa hace que el aire se sienta más pesado, más difícil de respirar.
Acelero mis pasos por