134. Un puzle evidente
Despierto sintiendo besos suaves en el cuello. Sonrío con los ojos todavía cerrados mientras los brazos de Ethan me aprietan un poco más contra su pecho.
—Buenos días —murmuro, girándome para mirarlo.
—Buenos días, perdición —sonríe él antes de besarme.
Le devuelvo el beso con pereza, disfrutando de esa sensación de despertar así. Es curioso cómo, en tan poco tiempo, esto se ha vuelto tan natural, tan… nuestro.
—¿Qué hora es? —pregunto, dándome cuenta de que ya entra demasiada luz y de que