116. Sólo dos opciones
Después de una noche entera sin pegar ojo, dando vueltas en la cama mientras la mirada intensa de Ethan me perseguía, llegamos al parking de Nexus.
Bajamos del coche y, mientras me ajusto el bolso al hombro, veo el vehículo de Theo aparcando. En cuanto sale, me llama, y eso basta para que mi padre, en su papel de celestino habitual, me deje atrás.
—Buenos días, Mia —Theo sonríe al saludarme—. ¿Cómo estás?
—Bien —respondo, intentando sonar convincente, aunque está claro que no se lo traga—