No dormí esa noche.
Me quedé sentada junto a la ventana mientras la oscuridad cubría los jardines de la mansión. Miraba las luces lejanas de Nápoles y me preguntaba en qué momento mi vida se había convertido en esto.
Había perdido a Ciro.
Ya no podía seguir engañándome.
Lo había intentado todo. Le había dicho la verdad. Le había suplicado que me escuchara. Le había dado tiempo.
Y aun así seguía mirándome como si fuera una extraña.
Como si nunca me hubiera conocido.
Como si nunca me hubiera amad