Los siguientes días en la mansión estuvieron cargados de una tensión constante.
Hombres entrando y saliendo. Reuniones a puerta cerrada. Llamadas que terminaban apenas yo aparecía cerca.
Y Ciro…
Ciro estaba más frío que de costumbre.
No solo conmigo. Con todos los demás.
Podía verlo en la forma en que caminaba por la casa. En cómo Enzo dejaba de bromear apenas él entraba a una habitación. En la cantidad de armas que empezaron a aparecer sobre las mesas del despacho.
Algo estaba preparando.
Y no