(Narrado por Laira)
Esa mañana me desperté con menos náuseas de lo habitual.
Era una pequeña victoria. El té de jengibre de Marga estaba haciendo efecto, o quizás el embarazo empezaba a darme una tregua. Fuera como fuera, me sentí un poco más humana. Me vestí sin prisa. Me recogí el pelo en una coleta floja. Y cuando Marga trajo la bandeja del desayuno, sonreí al verla.
—Hoy tiene mejor cara, señorita Laira.
—Hoy me siento mejor. Será que el bebé está de buen humor.
Marga dejó la bandeja sobre