Dante salió del salón sin decir una palabra más.
Yo me quedé quieta unos segundos.
Su frase seguía dando vueltas en mi cabeza.
“Presiento que te mataré al saberlo.”
No podía dejar que aquello terminara así.
Lo seguí.
—Dante.
No se detuvo.
Entró en su despacho y cerró la puerta.
Entré detrás de él.
—Tenemos que hablar —dije.
—Ya hablamos.
—No. Tú amenazaste con matarme y te fuiste.
Dante se giró lentamente.
—¿Y qué esperabas?
—No eso.
—Vete de una vez, Valeria.
—No hasta que me expliques qué sa