Me desperté con el cuerpo distinto.
No sabía explicarlo. No era dolor. No era incomodidad. Era una sensación nueva, como si mis músculos recordaran algo que no habían hecho nunca. Me quedé tumbada unos minutos, con los ojos cerrados, reviviendo la noche anterior. Sus manos. Sus besos. Aquella explosión de calor que nunca había sentido.
Abrí los ojos. Henrik ya estaba despierto. Sentado en el borde de la cama, de espaldas a mí, con la espalda descubierta y el pelo revuelto. Miraba por la venta