No sé en qué momento me quedé dormida.
Lo último que recordaba era el techo de la habitación, la mano de Ciro sobre la mía y el vacío en el pecho. Luego, la nada. Un sueño sin imágenes, sin sueños, sin descanso real. Solo oscuridad.
Cuando abrí los ojos, la luz del sol entraba por la ventana en tonos naranjas. Era plena tarde ya. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Horas? ¿Minutos? No lo sabía. El tiempo se había vuelto un concepto extraño, sin sentido.
Me incorporé. Estaba en la cama. Ciro ya no est