Nunca pensé que mi boda comenzaría con una huida.
La habitación del hotel olía a jazmín y a perfume caro, ese que la verdadera Adelaine Rossi se había puesto horas antes mientras fingía emoción frente a su madre. Ahora solo quedaba el vestido, tirado sobre la cama como una promesa rota, y una nota arrugada en la mesita de noche.
"Perdónenme. No puedo casarme con un desconocido. Estoy enamorada de otro. No me busquen."
Leí la nota tres veces antes de que la señora Rossi rompiera en llanto. Su ma