Son las seis de la mañana y yo estoy tomando café negro, cargado y solo, para poder mantenerme despierta como corresponde y no como un oso gruñón al que lo sacaron de su maldita hibernación. Jodida noche de porquería, esa pesadilla no hizo más que ponerme los pelos de punta y reafirmar mi idea de que, no solo cometí un error al permitir que eso pasara, sino que también hice bien en irme como lo hice, porque eso me ayudará a poner barreras otra vez.
No fue algo sentimental, no fue "hacer el amo