La luz de la luna es la única que entra por la ventana y da algo de claridad a la estancia en penumbras, iluminando los contornos de los muebles y sobre todo, de la cama, donde yace el cuerpo dormido del pelinegro, el cual se ve tan apacible y relajado, que prácticamente es como una pintura.
Por mi lado, estoy sentada en el sofá que hay aquí en una esquina, en las sombras, ya vestida y luchando conmigo misma, pues no estoy segura de qué hacer ahora.
He tenido sexo antes, he estado con otros a