—Perfecto. —le dije, y él soltó un suspiro de alivio. Gracias a Dios, condujimos mientras charlábamos; él me contó sobre su día y yo sobre el mío.
Llegamos al bar, que tenía un bar rústico de estilo sureño. Sabía que aquí hacían baile en línea y que todos eran muy amigables.
—Siempre quise venir aquí. Según Harry, sus alitas de pollo son para morirse y sus macarrones con queso también. Estoy salivando solo de pensarlo. —dije, y mi estómago eligió ese momento para recordarme que tenía que aliment