Mística estaba detrás de mí, y antes de llegar a la pista, Mav me levantó en sus brazos y me llevó el resto del camino.
—¿Qué tienes con cargarme a todas partes? —pregunté, y él levantó una ceja y sacudió la cabeza.
—Bueno, por un lado, me gusta tenerte en mis brazos y, por otro, solo llevas calcetines peludos. —dijo, y me reí, dándole un beso en la mandíbula mientras me colocaba dentro de la jaula. Mística saltó a la parte trasera una vez más.
Mav se subió a mi lado y Sabueso estaba al volante.