—¡Esos malditos desgraciados! Quieren que mi empresa se meta en un proyecto con ellos. Ya van a ver, van a pagar muy caro. Y en cuanto a esa perra de mi esposa... Hermana, tú y Rebel hagan lo que quieran con ella. Para mí ya no existe. —gritó Nico mientras pateaba una silla contra la pared.
No era el único Don de la mafia que tenía negocios legítimos. Nico y Nate trabajaban en el mismo sector y hacían negocios juntos. Eran gigantes en su campo. Claro, con un padre como Antonio Moreno, tenían que