—Bien, Angie. Estás en trabajo de parto activo y tienes siete centímetros de dilatación, lo siento, pero no puedo darte la epidural. Solo respira como practicamos. —Instruyó ella con total seriedad.
—A la mierda con la respiración. ¡Dame el maldito gas y aire! —Gemí mientras las contracciones empeoraban.
Ryder sostenía mi mano y la besaba.
—Eres tan exigente cuando estás de parto, es jodidamente sexy. —Sonrió con picardía, pero lo miré con fuego en los ojos causando que se riera.
Me pasó el la