—Ryder. —Bajé mi arma y él me miró sorprendido.
Gemí y me doblé mientras mi mano iba hacia mi vientre. El arma cayó al suelo al tiempo que apoyaba mi mano libre en la pared. Sentí sus manos sosteniéndome mientras tomaba mi peso. Más líquido salía de mí.
—Dios mío, ¿cuánto tiempo llevas así? —Me preguntó y respiré profundamente.
—No mucho. Apenas se me rompió la fuente, pero he tenido contracciones desde la madrugada. Intenté llamarte, pero no contestaste. ¿Cómo es que estás aquí? —Le pregunté u