—No tengo ni idea de qué estás hablando. ¿Vas a follarme o qué? —le respondí con tono mordaz.
—Mira hacia adelante, Ángel. Vas a contar. —Levanté una ceja desafiándolo. Sí, claro. Sus manos recorrieron las curvas de mi trasero, apretando mientras subían por mi columna hasta la nuca. Me apretó y giré la cabeza hacia la cabecera.
—Ahora, mi Ángel, mi diosa. Vas a contar. —Sus manos me abandonaron momentáneamente cuando su palma cayó sobre mi trasero. Di un respingo con un grito. No esperaba el gol