POV: Lucien Blanc
En las entrañas del Sagrario, el hierro meteórico seguía devorando mi fuerza, pero no pudo tocar mi sangre.
Estaba sentado en el suelo de la celda, intentando meditar, cuando un latido violento me sacudió el pecho. No fue un pulso de la manada; fue algo más profundo, un eco de ADN y dolor compartido que viajó desde los Pirineos como un rayo.
—¡Léo! —el nombre escapó de mis labios como un rugido sordo.
Sentí el cambio. Mi hermano no solo estaba vivo; algo en él se había roto y