POV: Zoé Dupont
Las celdas de la Ciudadela de los Susurros no eran lugares de tortura física, sino de aislamiento absoluto. Las paredes de obsidiana absorbían el sonido, dejando al prisionero a solas con el latido de su propio corazón. Pero para el Gran Inquisidor Malphas, habíamos hecho una excepción: las paredes estaban grabadas con runas de Elena que anulaban cualquier frecuencia sónica externa, y sus grilletes eran de una aleación de plata y hierro meteórico que quemaba su piel cada vez que