Narrado por Luna
Mientras subía las escaleras de vuelta a la jaula dorada de mi habitación, mis pensamientos eran un torbellino de paradojas. Odiarlo y desearlo cerca eran dos caras de la misma moneda envenenada. Decidida a no dejar que tales contradicciones me volvieran loca, me puse mi ropa de entrenamiento horas después y bajé al gimnasio.
Comencé a entrenar con una furia contenida — golpes al saco de arena, secuencias de defensa personal, todo con una intensidad que dejaba mis manos dolorid