Narrado por Luna
Pero como el propio Alex comentó, los viejos hábitos no desaparecen. Solo se esconden, esperando el momento adecuado para emerger.
El día comenzó como cualquier otro. Leo, ahora con sus siete años llenos de energía y curiosidad, seguía a su padre como una sombra. Observaba a Alex hacer sus flexiones por la mañana, imitaba sus movimientos con una seriedad graciosa. Era normal, incluso bonito. Hasta que, después del entrenamiento habitual de defensa personal —algo que yo a regaña