Narrado por Luna
Dos semanas. Catorce días desde que Alex partió, dejando atrás el eco de sus palabras y el fantasma de sus manos en mi piel. Los recuerdos de aquella noche me asediaron cada hora, cada minuto. La confesión cruda, la vulnerabilidad inesperada en sus ojos, la admisión de que yo era su excepción — todo eso giraba en mi mente como una melodía obsesiva y peligrosa.
Pero me negaba a aceptarlo. Me negaba a aceptar ese amor cautivo que él insistía en llamar protección. Incluso rodeada