Narrado por Luna
Al llegar a Nueva York, me llevaron directamente a la habitación donde estaba Alex. La visión que encontraron mis ojos hizo que mi corazón se detuviera. Estaba pálido, tan pálido que su piel parecía translúcida, y completamente inconsciente. Los aparatos conectados a él parpadeaban con una frialdad que heló mi sangre.
Un dolor agudo apretó mi pecho, y las lágrimas brotaron antes de que pudiera contenerlas. Me acerqué a la cama, tomando su mano fría entre las mías.
—Alex, por fa