Narrado por Luna
Ese mismo día, comenzó a rodearme de guardias por toda la mansión. A donde yo iba, siempre había uno de ellos pisándome los talones. No había forma de huir, y eso me volvía loca de rabia. Alex Morano sabía cómo atraparme sin necesidad de cadenas —bastaba su obsesión y el control que ejercía sobre cada aspecto de mi vida.
Pero, como prometió, después de sus compromisos en el despacho, me llamó a una sala que nunca antes había visto. Era un espacio amplio, con tatamis en el suelo