El café del restaurante exclusivo olía a tostado y a hipocresía. Estaba sentada a la mesa con tres de mis amigas de la alta sociedad, escuchándolas hablar sobre vestidos, viajes a Europa y la perfecta vida de sus esposos.
Yo solo podía asentir de forma mecánica, sintiendo el roce de la seda de mi cuello alto contra la piel lastimada de mi garganta.
—Por cierto, Victoria... —soltó Carmen, inclinándose hacia adelante con una sonrisa curiosa—. ¿Dónde está tu collar?
La pregunta cayó como una piedr