Alejandro
I. El Regreso de la Ceniza
El aire de mi oficina nunca había estado tan cargado. Aterrizamos en Santiago a las 3:00 a.m., y a las 4:00 a.m. estábamos en la sala de operaciones. El jetlag y la adrenalina luchaban en mi cuerpo, pero la verdadera batalla era psicológica. Isabella había regresado. Había cruzado un océano, negociado la llave de la destrucción con la esposa de su ex-amante, y había vuelto al confinamiento por la única razón que nos unía: el Legado.
La clave de encriptación