Isabella
I. La Tensión del Cronómetro
El envío del mensaje cifrado a Marie Moreau abrió una nueva dimensión de la tensión. Ya no estábamos lidiando con el control frío de los mercados o la logística de la piratería, sino con el veneno lento del resentimiento femenino. En el mundo de Alejandro, el dinero es la única motivación; en el mundo de Marie, la traición era el motor.
Pasaron ocho horas. La Villa Alta, con su vista panorámica sobre la bahía de Niza, era una prisión de cristal y acero. Yo me movía por la sala de operaciones con la impaciencia contenida de un depredador. La inacción era mi peor enemigo.
Fuentes, sentado en el centro de la sala, mantenía la misma compostura de mármol. Había convertido la sala en un centro de comando a pequeña escala, con mapas digitales de Niza proyectados en la pared, marcando posibles rutas de escape y puntos ciegos de vigilancia.
—El silencio es una respuesta, señora Cifuentes —murmuró Fuentes, sin levantar la vista de su tableta—. Ella está ana