Isabella
El Preludio de la Traición
El Pacto de Ceniza y Acero comenzó, apropiadamente, en la oficina de Alejandro. Ya no era un espacio de interrogatorio, sino una sala de operaciones compartida, un quirófano donde la única anestesia era la urgencia. Me senté frente al escritorio, en el sillón de invitados, con mi terminal segura ya configurada, mientras Alejandro se colocaba a mi lado, un segundo par de ojos fríos y analíticos.
Nunca había estado tan cerca de él en un entorno de trabajo. El a