Isabella
I. La Despedida de la Jaula
El amanecer sobre los Andes nunca se sintió tan efímero. Era la mañana de mi partida, el inicio del Protocolo Ceniza-Acero. Me vestí con la indumentaria que Alejandro había dispuesto: un traje sastre en tono gris topo, costoso, sobrio, diseñado para proyectar competencia en lugar de provocación. Era el uniforme de la estratega, no de la fugitiva.
El único accesorio que no elegí fue el reloj. Un dispositivo de titanio pulido, elegantemente minimalista, que Al