Isabella
El Peso del Lino
Las semanas se convirtieron en un ciclo de tortura y precisión. Mi vida se había reducido a la rutina de Adrián y la guerra de la no-reacción.
El lino egipcio de la cama era un recordatorio constante del precio de mi derrota. Cada mañana, me despertaba en el lujo helado de esta jaula dorada, y cada mañana, renovaba mi voto de Ceniza. Yo ya no era la fugitiva; era la prisionera que había encontrado la única forma de libertad que Alejandro no podía confiscar: la calma.
É