Isabella
Cinco meses. Era el tiempo que yo llevaba viviendo en el ático, la joya más protegida y aislada de Santiago. Había pasado el invierno mirando la nieve caer sobre los Andes desde el calor de un cristal blindado, y ahora el sol de primavera empezaba a calentar el mármol del suelo.
Mi vida se había convertido en un tríptico: trabajo, amor y soledad.
El trabajo en el diseño era mi oxígeno. Alejandro no solo me había dado los medios; me había dado el fuego. Mis bocetos ya no eran tímidos. G