Isabella
Siete meses. Dieciocho años.
Cuando me miraba en el espejo del búnker, la chica que había huido de sus padres era irreconocible. La inocencia había sido pulida hasta convertirse en un brillo sofisticado, el miedo se había metamorfoseado en una ambición fría. Mi cumpleaños había pasado silenciosamente, una fecha legal que sellaba la mujer que Alejandro había estado moldeando: una mujer adulta, legalmente responsable de su propia elección, liberada de la tutela familiar por la burocracia