Isabella
La noche caía pesada cuando llegué a casa, con la cabeza llena de pensamientos y la piel todavía ardiente por el roce de Alejandro en la oficina. Abrí la puerta con cuidado, esperando un momento de calma... pero lo que me esperaba fue todo menos eso.
Mi madre estaba parada en el pasillo, con los brazos cruzados y esa mirada fría que siempre lograba hacerme sentir pequeña.
—Tenemos que hablar —dijo sin saludo, sin rodeos.
Mi corazón se aceleró, y aunque intenté mantener la compostura, s