Isabella
Volví a casa con el peso de la conversación con Alejandro aún sobre mis hombros, pero algo dentro de mí me decía que no todo estaría en calma. Abrí la puerta con cuidado, intentando no hacer ruido, pero el silencio del departamento parecía más pesado que de costumbre.
Subí a mi habitación y, apenas entré, algo me hizo detenerme. Mis cajones estaban entreabiertos, desordenados, y en el suelo, esparcidas, mis cosas personales. Sentí un frío que se extendía desde el pecho hasta la punta d