Isabella
La casa olía a cera de madera recién aplicada. Todo estaba en su lugar, perfectamente alineado, perfectamente muerto. Mis pasos resonaban sobre el mármol como si cada uno fuera un anuncio de guerra. Mi madre hojeaba una revista de medicina en el salón y mi padre estaba revisando informes en su tablet, como siempre. Como si el mundo se redujera a diagnósticos y estadísticas.
Me detuve frente a ellos, sintiendo cómo el temblor comenzaba en mi estómago, ascendiendo por mis costillas.
—Nec