La situación se torna tan caldeada en las puertas de la casa de la manada, que tanto Aike como Adrien han tenido que transformarse, solamente para aplacar a la muchedumbre, a tal punto, que sus voces del alfa en conjunto han logrado que todos estén ahora en el piso, tan sumisos, que sus cabezas están casi en el suelo.
Eso me incluye, porque estoy tan cerca de Adrien, que he tenido que colocarme las manos en los oídos por instinto, sin recordar que la honda que forma la voz de una alfa retumba t