Alicia la ignoró y siguió desayunando como si nada. Silvia lo miró con fingido desprecio.
—Vaya, vaya. ¿Será que estoy alucinando? ¿Qué hace por aquí alguien tan ocupado como tú?
Gabriel le dedicó una mirada discreta a Regina y, de reojo, evaluó al hombre que se sentaba a su lado. Sonrió levemente.
—Vine a una junta por aquí. Mi papá me comentó que estaban en este hotel, así que quise pasar a saludarlas.
La mano de Regina apretó con más fuerza la cuchara. La excusa tan elaborada de Gabriel la mo