Sonó el celular que llevaba en el bolso. Regina lo sacó para revisarlo. Era un mensaje de Gabriel.
“¿Ya desayunaste? Puedo llevarte algo”.
Regina temió que fuera a llamarla, y cuando iba a responderle que no era necesario, Silvia la observó por el retrovisor y le preguntó con una sonrisa cómplice:
—¿Estás soltera?
Regina se quedó helada por un segundo. Levantó la mirada y, casi por inercia, asintió con un sonido leve. Silvia la observó con atención, recordando la escena que había presenciado el