La cena se extendió hasta las ocho de la noche.
Regina pagó la cuenta y ambos salieron del restaurante. Joel tomó la iniciativa.
—Te llevo.
Ella lo rechazó con amabilidad.
—No te preocupes, pido un taxi. Es muy fácil en esta zona.
Al ver que no le daba la más mínima oportunidad, Joel comentó, mitad en broma y mitad resignado:
—Bueno, aunque no vayamos a ser novios, supongo que al menos podemos ser amigos, ¿no? Si Alicia se entera de que te entretuve hasta tan tarde y luego te dejé irte sola a es