Eva asintió y tomó a Regina de la mano para irse de ahí. Dos tipos les cerraron el paso.
Aterrada, Eva se aferró al brazo de Regina. Ella se volteó hacia Eduardo Solís con una mirada dura.
—¿Qué pretendes?
—Dije que los dejaba ir a ellos. Nunca dije que a ti también.
Eva se puso pálida al escucharlo. Regina sabía que él no iba a ceder tan fácilmente. Se soltó con cuidado del brazo de Eva.
—Váyanse.
—¡No puedo dejarte aquí!
Eva tenía la cara bañada en lágrimas.
Regina sabía lo terca que podía ser