Sebastián se detuvo a su lado y siguió su mirada hasta el aparador, donde se exhibían varios vestidos de novia.
Era una de las marcas de vestidos de novia que más le gustaban a Regina.
Desde que decidieron casarse, Regina había aprovechado sus ratos libres para buscar ideas y todo lo relacionado con la boda.
Ya se había probado un vestido de novia antes, uno hecho a la medida. Pero en ese entonces, como su matrimonio con Gabriel estaba a punto de terminar, no había sentido nada de emoción.
Esta vez, sin embargo, todo era diferente. Sus sentimientos eran otros.
—¿Entramos a ver?
Regina volteó a verlo, con una sonrisa que le iluminaba la cara. Al ver la alegría en sus ojos, la preocupación que embargaba a Sebastián se disipó un poco. Asintió.
—Claro.
Cuando iban a entrar, sonó el celular de él. Ella se detuvo para que pudiera contestar. Era Leo. Sebastián no intentó ocultarse y contestó la llamada frente a ella. La voz de Leo se escuchó al otro lado de la línea.
—¿Están viendo vestidos d