No se esperaba que Regina, en lugar de intentar congraciarse con ella, la dejara en ridículo frente a sus amigas.
Sofía no soportaba el coraje, y apretó la mandíbula.
—Ya verás. Mientras esté aquí, ni sueñes con casarte con Sebastián. ¡No te voy a dejar que te salgas con la tuya! ¡Vámonos!
Sofía salió furiosa con sus amigas. Eva suspiró con fastidio.
—¿Y esa muchacha qué es de Sebastián?
Era su hermanastra. Llevaba tanto tiempo siguiéndolo y jamás había oído hablar de ella.
—Por favor, arregla e