El mesero le trajo el café que había pedido y lo dejó frente a ella. Regina tomó la taza y bebió un sorbo. Dejó que el sabor amargo se extendiera por su boca antes de hablar pausadamente.
—Aunque deje de ser famoso, Sebastián y yo podemos salir adelante. Lo único que quiero es que sea feliz.
Gloria no podía comprender esas palabras. Para ella, ser una estrella era el negocio más lucrativo. Su hijo era el ídolo del momento; un solo contrato de publicidad le generaba más dinero del que una persona