—¡Sofía!
Sebastián estalló. Regina le dio un tirón suave de la manga para calmarlo. La miró. Ella negó, y solo entonces logró contenerse. Sofía vio el gesto entre ellos y sintió celos.
—Solo tengo curiosidad. Con una mujer tan guapa como tú… seguro que todos los hombres se mueren por ti. ¿Cómo es que tu exesposo te dejó ir?
Regina respondió:
—No éramos compatibles.
Sofía la miró con una sonrisa ligera.
—Qué curioso, todos los divorciados dicen lo mismo: que no eran compatibles o que no pensaban igual.
Sebastián puso mala cara.
—Si no vas a comer, ¡lárgate de aquí!
A Gloria no le gustó nada.
—¿Cómo puedes hablarle así a Sofi?
Sofía se apresuró a intervenir.
—No te preocupes, no me ofendí.
Gloria sabía lo que la chica sentía por su hijo. Suspiró, un poco resentida con él. Sofía puso una actitud de inocencia herida.
—A ver, tú y yo no somos familia de sangre, pero eres el hijo de Gloria, así que eres como mi hermanastro. Somos una familia. Si te vas a casar, creo que Gloria y yo tenemos d