Maximiliano observó a Ricardo y continuó:
—Para mí, es como una hermana. Y si a ella hay algo que no le gusta o no quiere hacer, no puedes obligarla. Tienes que respetarla. Si no te entra en la cabeza, mejor ni te le acerques.
El respeto era fundamental.
Ricardo asintió sin dudarlo un instante.
—De acuerdo, ¡entendido!
«Regi no era como las demás», pensó. «Ya fuera por Maximiliano o por el cariño de conocerse desde niños, si aceptaba ser su novia, la trataría como una reina».
Maximiliano volvió