En cuanto la señora Luna terminó de hablar, varias miradas se clavaron en la mano de Regina. La tenía entrelazada con la de Sebastián, y aunque intentó esconderla, ya era demasiado tarde.
Alicia vio el anillo de diamantes que su hija llevaba en el dedo anular y sintió que se le subía la sangre a la cabeza.
—Regi…
—Ay, ya me dio hambre. Ali, por qué no se van a platicar a otro lado tú y Regi mientras nosotras pedimos la comida.
Silvia se dirigió hacia el salón privado que habían reservado. La señ