Andrea ya le había dicho a Regina que si algún día se casaba, tenía que guardarle el lugar como dama de honor. Regina asintió.
—Él y Beatriz...
La interrumpió.
—Ya te dije que no fue su culpa.
La última vez ya le había contado que Beatriz le había tendido una trampa a Sebastián. En realidad, él también era una víctima.
A fin de cuentas, era el hombre que amaba, y como ya le había dado el sí, Andrea no podía decir mucho al respecto. Además, conociendo lo terca que era, seguro se enojaría con ella si insistía.
—No me digas que ya fueron al registro civil, ¿o sí?
—No, Sebastián y yo queremos hablar con nuestros papás antes de casarnos.
—¡Pues estoy segura de que Alicia no va a aceptar! —afirmó Andrea con seguridad.
Regina sabía que no lo haría. Alicia ya le había dejado muy clara su postura: no la quería con Sebastián, y por eso mismo le había estado arreglando citas a ciegas.
—Cuando vuelvas te invito a comer.
—¿Con Alicia?
Regina confirmó en voz baja. Su amiga entendió su intención. Sus