A Gabriel se le tensó un poco la mandíbula.
Pero al ver sus ojos, húmedos y enrojecidos como los de un conejillo asustado, no tuvo el corazón para negarse.
...
Esta vez, Regina llegó a casa de Gabriel cargada con bolsas grandes y pequeñas repletas de botanas; incluso había comprado frutas, todo pagado por él.
Apenas entró, se cambió por unas pantuflas y fue directo a la sala para encender la televisión.
Gabriel puso las frutas sobre la mesa de centro.
Justo cuando se levantaba, sonó el celular q